Contratos en extinción

Los acuerdos a largo plazo siguen a la baja.

Elio Martínez.

Andrew Nicholson (26M), Lance Thomas (27,3M), D.J. Augustin (29M), E'Twaun Moore (34M), Matthew Dellavedova (34,8M), Dwight Powell (37M), Maurice Harkless (40M), Meyers Leonard (41M), Jon Leuer (41M), Courtney Lee (48M), Solomon Hill (48M), Tyler Johnson (50M), Jordan Clarkson (50M), Miles Plumlee (52M), Eric Gordon (53M), Marvin Williams (54,5M), J.R. Smith (57M), Timofey Mozgov (64M), Ian Mahinmi (64M), Evan Turner (70M), Kent Bazemore (70M), Joakim Noah (72M), Luol Deng (72), Bismack Biyombo (72M), Allen Crabbe (75), Ryan Anderson (80M), Chandler Parsons (94M), Harrison Barnes (94M), Hassan Whiteside (98M), Al Horford (113M).

Los anteriores treinta jugadores fueron los que firmaron un contrato de cuatro años en el verano de 2016. Treinta apuestas a largo plazo que en su inmensa mayoría salieron mal porque es difícil valorar más de cinco, seis o siete de esos contratos como buenas operaciones.

En 2016 se firmaron 145 contratos en la NBA, de los cuales un 47% fueron de una duración igual o superior a las tres temporadas: un 12% de tres años; un 21% de cuatro años; y un 4% de cinco años.

En contraste, en 2019 los equipos se han mantenido en la novedosa tendencia de no apostar por el largo plazo y los contratos de tres o más años han supuesto solo el 35%, un notable descenso respecto al mismo rango de duración de los acuerdos de 2016.

Los clamorosos errores cometidos aquel verano —de tres de ellos escribe Mariano a continuación— en el que había que gastar cientos de millones de dólares, con el tiempo pusieron a toda la liga en alerta. Había que gastar, sí, pero no era necesario hacerlo a tantos años vista, con haberlo hecho ese verano hubiera sido suficiente. Y mejor.


Como decía, en 2016 se repartieron 30 contratos de cuatro temporadas; en 2019 han sido solo 16.

Respecto a 2016 los contratos de dos y tres años han crecido y los de cuatro y cinco años han disminuido. De hecho nada menos que un 84% de los acuerdos de este verano son de tres años o menos y muchos de ellos incluyen opciones de equipo que pueden reducir los acuerdos en un año de duración. Y aún falta una ristra de acuerdos de un año que las franquicias firmarán según se acerque la temporada para completar sus plantillas.

La liga ha entrado de lleno en un periodo de movimiento constante y no son solo los jugadores los que apuestan por ello. Las grandes estrellas pueden elegir si firmar contratos de uno, dos o cinco años, pero la mayoría de los jugadores no son All-NBA u All-Stars. Más bien son jornaleros del baloncesto que se suelen descantar por el contrato más largo que les pongan encima de la mesa. (Y bien que hacen). Si los pívots han visto como su mercado se reducía de forma espectacular, el resto tampoco puede dar saltos de alegría en lo que a futuro asegurado se refiere.

Contratos cortos exigen esfuerzo permanente y que una gran parte de la liga juegue cada año su contract year. Así crece el espectáculo, pero en contraprestación deja a los jugadores desprotegidos en caso de lesiones graves como hemos visto en los perfectos ejemplos de Isaiah Thomas y DeMarcus Cousins. 

Dramas personales concretos como peaje a pagar por una competición más enérgica a nivel global.


Tres contratos tóxicos tres años después

Mariano Galindo.

La orgía de dinero de 2016 valió para todos. Fue el momento histórico en que la NBA, con su nuevo contrato televisivo a estrenar, repartía millones de dólares como si de panfletos de propaganda en una zona turística se tratara. Es difícil que veamos algo igual, no tanto por las cantidades, sino por algunos de los jugadores que se hicieron de aquel julio de 2016 el mes de sus vidas.

Vaya por delante que en estos casos, la culpa de cobrar tanto no es de quien firma ese contrato. La culpa es de la persona, o personas, que ponen esos cheques astronómicos sobre la mesa. Seamos serios de una vez. Por mucho que conozcamos nuestras limitaciones, todos habríamos firmado un papel con millones de dólares de más incluso sabiendo que no lo merecíamos. Aunque lo de merecer ya entra en otro escenario, como decía hace poco Freed VanVleet. El de los Raptors, que sabe bien lo que es buscarse la vida y que nadie te llame precisamente en ese verano de 2016, dijo hace poco que no entendía por qué la gente criticaba tanto los dineros que cobraba uno y otro. Y que un jugador merece determinada cantidad si siempre hay alguien que quiera pagarla.

En el verano de 2016 había unas cuantas franquicias dispuestas a pagar millonadas. Más que dispuestas, obligadas en cierta manera. Sobraba el dinero, se había elevado el tope salarial de un verano a otro de los 70 millones de 2015 a los 94,1 millones de dólares para la 2016-17. Y cuando hay tope, hay suelo. Suelo salarial, eso que obliga a los equipos a gastar en salarios al menos el 90% del límite en salarios. De ahorrar, nada. No se puede. Otra cosa es cómo gastar los cheques. Y si ya en 2016 la cosa pintaba rara cuando se produjo, ahora en 2019 podemos decir sin atisbo de duda que los Knicks y los Lakers malgastaron el dinero. Y todavía pagan por ello. Unos más que otros.

Por si hay algún despistado, lanzaremos los tres nombres que todavía pueden producir pesadillas deportivas a los aficionados del baloncesto en general, de New York y de Los Angeles Lakers en particular: Joakim Noah, Luol Deng y Timofei Mozgov. Entre los tres firmaron en julio de 2016 contratos por valor total de 208 millones de dólares. Todos cuatro campañas, no fuera a ser.

Hasta 2021 cargando con Noah

Noah, que llegaba de Chicago y ya había dado lo mejor de sí —y no era algo difícil de ver— llegaba al Madison Square Garden como agente libre. Su nómina, 72,59 millones de dólares. A su lado, traspasado desde los Bulls, Derrick Rose. Juntarlos con Carmelo Anthony sonaba como buena idea en la Gran Manzana. Ya sabemos cómo terminó aquella temporada.

Los Knicks fuera de playoffs como casi siempre sucede en los últimos tiempos, Melo enviado a los Thunder en septiembre de 2017, Rose agente libre camino hacia una época complicada en Cleveland que solo pudo salvar su regreso a las órdenes de Tom Thibodeau en Minnesota. Y Noah, con esa tortura en forma de hombro, suspendido por utilizar sustancias prohibidas a al término de la 2016-17, enfrentado a su regreso a la disciplina de los Knicks a Jeff Hornacek, que lo enviaba a la G League para que cogiera la forma. Y una disputa monumental entre el entrenador y el pívot que terminó con el jugador apartado a inicios de 2018 de New York. Pero sus cheques, cada quince días. La masa salarial de los Knicks, ahogada por nóminas estratosféricas—17,76 millones de dólares para ser exactos en la 2017-18— y julio de 2016 como claro ejemplo de que el dinero, aunque se tenga que gastar, se debe gastar bien. O no tan rematadamente mal.

La cosa de Noah se enquistó tanto que nos vimos en el otoño de 2018 con el jugador todavía en la plantilla de New York, aunque totalmente ajeno a todo. Las negociaciones para un traspaso o un despido no llegaron a buen puerto. Nadie quería ese contrato. Y Noah tampoco perdonaba un duro.

En octubre finalmente era cortado por los Knicks mediante la Stretch Provision, que permite estirar y dividir el pago de lo pendiente durante varios años. Aunque al haber sido despedido después del 1 de septiembre los 18 millones dólares largos para la 2018-19 que tenía Noah debían ser abonados como si de un jugador más del rosterse tratara, la cosa cambiaba para la 2019-20. Los Knicks esparcían el abono de los 19,20 millones de dólares de ese curso en tres campañas, a razón de 6,43 millones de dólares hasta la 2021-22. A Noah le debe de dar un poco igual, lo percibirá de la misma forma aunque en distintos tiempos que todo de golpe.

¿Y a los Knicks? Hay quien dice que esto tampoco fue acertado, que para lo que han hecho en la agencia libre de 2019 mejor haber pagado también los 19,5 millones de golpe, haber cargado este verano con esa losa en el mercado y haberse olvidado para siempre. Ahora, por pequeños capítulos, los estíos de 2020 y de 2021 tendrán la etiqueta de Noah. Cuando los Knicks, desesperados por tener espacio libre, vuelvan a las andadas en 2020 y sobre todo en 2021, ahí estarán los 6,43 millones de carga salarial de Noah. Apareciéndose casi cada noche. Disfruten lo pagado.

Los Lakers medio arreglaron el desaguisado

Con la distancia que da el tiempo, de todas aquellas atrocidades económicas de 2016 salieron mejor parados los Lakers que los Knicks. No parecía sencillo, porque New York yo pagó de más a Noah, pero los Lakers pusieron sobre el tapete contratos tóxicos de nacimiento a Deng y a Mozgov.

Exactamente, a Deng 72 millones dólares por alguien que ya también había dado lo mejor que tenía como atleta. A Mozgov, 64 millones de dólares por cuatro cursos para un pívot campeón de la NBA días atrás con los Cavaliers, sí. Pero un pívot de rotación, sin más. Recordamos, no era la época de Rob Pelinka, sino de Jim Buss y Mitch Kupchak.

Los Lakers, fuera de los playoffs desde 2013 y recién retirado Kobe Bryant, habían perdido el embrujo de atraer a grandes estrellas. Su prioridad era Hassan Whiteside entonces. Y trajeron a Mozgov. En febrero de 2017, cuando ya se había comprobado que Mozgov y Deng eran un desastre histórico para la franquicia, la pareja Buss-Kupchak fue despedida. Tomaban el mando Magic Johnson y Rob Pelinka y trataron de minimizar el daño.

Primero, enviaron en junio de 2017 a Mozgov a los Nets, con D’Angelo Russell, eso sí, en el inicio de la operación clara que era la de quitarse salarios para ir a por LeBron James en julio de 2018. Como así fue. Mozgov estuvo un curso en los Nets, jugó menos todavía que en los Lakers y fue enviado luego a los Hornets, que lo enviaron inmediatamente a los Magic. Y aquí, en blanco por una lesión de rodilla toda la 2018-19. Pero ese ya no era problema angelino. Timofey fue cortado este fin de semana por los Magic, que le aplicaron el estiramiento de salario. Abonarán al ruso un total de 5,57 millones de dólares hasta junio de 2022. Por alguien que no ha disputado ni un segundo con ellos.

Los Lakers, imaginamos, respiran aliviados en la distancia, como lo tienen que hacer en el caso de Luol Deng, que tras dejar de jugar al tiempo que Mozgov con ellos —último tramo de la 2016-17— y firmar 13 minutos en el primer choque de la 2017-18, no volvió a aparecer en la rotación. Jamás. Lo que sí se asomaban eran los ceros en sus cheques cada quince días. Pero las culpas, a Buss y a Kupchak.

En septiembre de 2018 Pelinka y compañía terminaron de enterrar esta historia. Si por Mozgov consiguieron a Brook Lopez y al número 27 de del Draft de 2017, que luego fue Kyle Kuzma, por Deng no había manera de sacar nada. Así que lo despidieron el 1 de septiembre. El alero se aseguraba así percibir todo el dinero de la 2018-19 como si de un miembro de la plantilla normal se tratara, y aceptaba el estiramiento de su nómina de la 2019-20.

El éxito de los Lakers aquí hay que hallarlo en las matemáticas. A Deng le quedaban dos campañas y 37,5 millones de dólares por ingresar. A cambio de percibir normalmente su dinero en la 2018-19, aceptó rebajarse parte de la nómina de ese año, que se quedó en 14,3 millones de dólares, y parte de la nómina de la 2019-20, que se quedó en 15 millones. En total, 7,5 millones de ahorro en todos los sentidos para los angelinos. Que eso sí, cada curso, cada verano y junio de 2022 incluido, verán en su libro de salarios 5 millones de dólares para Luol Deng.

De aquellos barros, estos lodos.