Desaprovechar y aprovechar oportunidades

Toronto tuvo el 0-1 en su mano; P.J. Tucker tuvo perdida su carrera NBA.

¡Hola! Hoy tenemos un Extra muy especial. No dejes de leer la última parte de esta edición ;)


Stacy Revere/Getty Images

La oportunidad perdida

Sergio Andrés.

Tras una gran resaca de la lotería del Draft, esta noche se estrenaba la gran Final de la Conferencia Este. Bucks y Raptors, los dos mejores equipos de la temporada regular, medían fuerzas por primera vez en una de las series más anticipadas de los playoffs 2019 con el primer golpe de efecto en juego. Y vaya si llegó... ¡Qué oportunidad ha perdido Toronto!

No quiero decir que el golpe haya sido devastador, la serie acaba de arrancar y los primeros partidos muchas veces llevan a engaño (que se lo digan a los Celtics). El gran problema de este primer partido es que acabó en doble golpe. El primer puñetazo lo tira el resultado (1-0 Milwaukee), y el segundo, la evidente sensación de que el de ayer era un partido que tenían que ganar los Raptors.

Los de Nurse salieron rápidos, dinámicos, agresivos y acertados. Sumando sin parar desde el triple, zarandeando a los Bucks en su propio juego (el de las transiciones). Ritmo frenético, gran defensa en equipo sobre Giannis Antetokounmpo (cambios en los bloqueos y colapso en la zona además de buenas rotaciones) y empujando sin parar a los Bucks con una primera penetración agresiva que varias veces acabó en triple tras un buen movimiento de balón.

Todo fluía para los visitantes. El equipo al completo se había plantado en Milwaukee y el objetivo parecía mucho más cerca de lo esperado. Kawhi entró poco a poco en juego y empezó a hacer daño mientras la defensa seguía frenando los intentos de remontada de los Bucks. El partido estaba saliendo prácticamente perfecto. Hasta que se fue acercando el final...

El banquillo, que había hecho daño en su primer intento (dos triples de Powell que fueron como encontrar agua en el desierto) desapareció en la segunda parte. Nurse, con la oportunidad a escasos centímetros, lo fió todo a sus titulares, que lo han sido prácticamente todo en estos playoffs. Y falló... El cansancio empezó a pasar factura y solo un sobresaliente Kyle Lowry, que jugó el mejor partido que le recuerdo en playoffs, mantuvo el tipo. Los demás titulares, fundidos (42, 42, 40, 40 y 35 minutos del cinco inicial), no fueron capaces de anotar una sola canasta en juego en el último cuarto. Incluido un Kawhi en el que, además del ritmo altísimo del partido, apareció la fatiga de llevar a un equipo a cuestas durante una serie a siete. Hoy (y solo hoy) podemos decir que ha sido humano.

No sé si podrán volver a limitar tanto a Giannis (suele ajustar bien), no sé si volverán a ver una versión mediocre de Khris Middleton (desgaste defensivo bestial), no sé si podrán volver a ganar la batalla del triple a los Bucks (+12 puntos), no sé si podrán volver a dejar a Hill y a Connaughton (dos de los héroes de la serie ante Boston) en cero puntos, no sé si Kyle Lowry volverá a ser el mejor jugador en algún partido... En fin, que no sé. Solo es un 1-0, pero ha sido un 1-0 de doble golpe. Y os puedo asegurar que habrá dolido. Habrá dolido mucho. Lo han tenido ahí.

PD: no me quiero despedir por hoy sin dedicarle un par de líneas a Brook Lopez, que ayer salvó a los Bucks con sus puntos, sus triples y sus tapones. Increíble que esté jugando por 3,3 millones... Increíble.


P.J. Tucker, un novato cuya carrera NBA había terminado en el año 2007

Miguel Gaitán.

"Todo el mundo sueña con anotar siempre 30 puntos, meter el tiro ganador de un partido. No, no, yo no, qué va. A mí me encanta mi rol. Me encanta lo que hago. Suena a locura, pero ese es mi sueño. Es este. Estoy viviendo mi sueño ahora mismo defendiendo a Kevin Durant en unos playoffs de la NBA".

Son palabras de P.J. Tucker, alero de los Houston Rockets, hace algo más de una semana en The Undefeated. Perfil forjado a sí mismo donde los haya, estamos ante uno de los defensores más especialistas de la actualidad. Esta semana conoceremos un poco más lo que hay detrás de este espartano de nacimiento dedicado al baloncesto por vocación. Para eso, para comprender quién es y ha sido Tucker, hay que retroceder bastante, pues no pudo consolidarse en la NBA hasta los 28 años. No se entienden el rol y la destreza con los que hoy él se entrega sin rebobinar mucho, muchísimo. Doce temporadas concretamente. De hecho, por aquel entonces él había tirado la toalla de poder ser jugador en la mejor liga del mundo. 

Literalmente pensó que todo había terminado para él tras su temporada de novato... Y hoy ha jugado más de 600 partidos en la NBA.

Pero antes de amplificar el primer gran punto de inflexión de su vida profesional, escarbemos un poco en sus orígenes. Solo así asimilaremos mejor todo lo que llegó después.

El pequeño Anthony Leon

De nombre Anthony Leon (hoy tiene un hijo llamado "King," nada menos), lo de P.J. se remonta a un mote de infancia. De adolescencia rebelde: "Pops Junior". Así es como empezaron a conocerle en su Raleigh (Carolina del Norte) natal; un apodo de juventud que todavía le denomina hoy día. Durante su infancia, el joven Anthony no paró quieto. Debido a que su padre ejercía como militar estadounidense en el extranjero, la familia Tucker vio mucho el mundo. El joven P.J. creció en Alemania y más países hasta que a la edad de 11 años, al empezar el instituto, ya se asentó en su Raleigh original.

Allí, P.J. (todo el mundo le conocía así) empezó a levantar un nombre en el baloncesto: elegido mejor jugador colegial del estado de North Carolina en 2002 (tenía 17 años) y (¡sorpresa!) desde niño trazó una entrañable relación con Chris Paul, ahora compañero suyo en los Rockets.

"Tuck tiene el mismo tamaño desde los 10 años. Solíamos jugar en el baloncesto AAU (instituto) uno contra el otro cuando teníamos 10 y 11 años", recuerda Chris Paul.

La vida de ambos se cruzó temprano. Eran rivales frecuentes, uno con Raleigh y el otro en Winston Salem (también Carolina del Norte). Ambos líderes de sus equipos y por tanto grandes némesis colegiales. Curiosamente, nacieron con un día de diferencia, por lo que sus trayectorias estuvieron unidas prácticamente desde el hospital.

"Para nosotros y nuestras familias, que se conocen desde hace mucho, tener la oportunidad de jugar juntos después de conocernos desde hace tanto es bonito y especial. Es así porque es un tío al que he conocido desde que éramos muy pequeños", remarcaba Paul, al que une una relación laboral y sobre todo de cercanía con P.J. De hecho, el aterrizaje de Tucker en Houston (2017) tuvo mucho que ver con que Paul también fuera a jugar ahí. No fue casualidad.

La universidad

Proyecto de gran éxito y repercusión en su estado natal, P.J. Tucker consiguió una beca para ir a la Universidad de Texas. Allí pasó tres años y hasta llegó a graduarse, maniobra desconocida para la mayoría de jugadores NBA. Coincidió con LaMarcus Aldridge en los LongHorns, siendo santo y seña de un equipo que estaba a punto de acoger a Kevin Durant.

Éxitos en la universidad... Y en 2006 llegó el gran momento. Decidió presentarse al Draft de la NBA.

Lo hacía con honores, pues fue Jugador del Año en la conferencia Big 12 y también estuvo en el equipo ideal de universitarios. Lo tenía todo para un aterrizaje no violento.

P.J. Tucker salió elegido en el puesto 35 con los Toronto Raptors. Fue aquella —recordemos— una cosecha atípica: número 1 para Andrea Bargnani; 3 para Adam Morrison (ay, ese mostacho) o 47 para Paul Millsap. Raro, todo muy raro. El caso es que Tucker daba la bienvenida a la NBA (o al revés) con la convicción y autosuficiencia de toda una estrella de college.

Y todo le salió al revés. Llegaba con ánimo de comerse el mundo pero fue la competición la que le engulló. P.J. reconocía años después que su ego le hizo comer residuos como nunca hubiera imaginado.

"Fue uno de los peores años de mi vida. Es como que vienes de la universidad y tú eres el hombre, tú eres el tío. Fui segundo equipo All American. Me drafteó Toronto pero solo me escogieron porque era el mejor que quedaba. No me necesitaban. Nunca tuve nada de ayuda o de guía en mi primer año...".

Novato y despedido

Tuck (como le llama Chris Paul) venía de promediar 16,1 puntos y casi 10 rebotes en el último de sus tres años en Texas. Pero en su desvirgue NBA solo disputó 83 minutos en total y terminó la temporada despedido por Toronto. ¡Despedido! Tanto esfuerzo, tantos años para recibir un sonoro puntapié tras su primera experiencia. Casi ni lo había intentado, pensaba él; ni siquiera le habían dejado jugar. Dio igual. Los Raptors le pusieron en la calle tras su primera temporada.

"No jugaba. No tenía opciones ni en los entrenamientos. Y es baloncesto de tíos mayores. Hombres crecidos. Tienen familias que alimentar y eso. Yo pensaba al llegar: 'yo soy lo más importante', y así es como todos los que vienen de la universidad se sienten. Sientes que eres mejor que nadie. Pero yo no sabía lo que significaba ser profesional".

Pilló despistado el profesionalismo a nuestro Pops Junior (P.J.); tanto que —retomamos aquí la idea inicial— pensó que ese era su fin; pensó que en el año 2007 había terminado su carrera NBA para siempre. Que no había vuelta atrás. Que estaba acabado. Y todo llegó con un convencimiento tan extremo que le hizo caer en un tobogán de pérdida confianza terrible.

"Ahora que estoy en los playoffs, no intento mirar para atrás y pensar en ello. Solo lo recuerdo. Me mantiene alerta. Me hace seguir remando, me hace seguir fuerte. Y me hace ser muy humilde aquí en cada partido, en cada momento. La gente me pregunta que por qué juego tan duro. Solo les digo: estoy feliz de estar aquí. De verdad".

Wanderlust, una vida fuera de la NBA

Las pasó canutas Tucker. De hecho él mismo nunca imaginó su vuelta a la NBA tras ese apestoso año 2007 después del cual tuvo que buscar una vida fuera de Estados Unidos. Lo único que le quedaba era el destierro. En su cabeza era un concepto además inamovible y eterno. Su cabeza decía adiós a la NBA para siempre tras toda una adolescencia y juventud persiguiendo el sueño.

Tocaba reciclarse puesto que nadie le había requerido para la temporada 2007-08. Tucker se inspiró en su ascendencia mochilera y se convirtió en jornalero del baloncesto: jugó en Israel, Ucrania, Italia, Grecia, Montenegro, Puerto Rico, Alemania y Rusia, y fue precisamente entonces cuando aprendió cómo jugar de manera profesional.

Ganó ligas, MVP y reconocimiento allá donde fue. "Era duro jugar lejos de casa. Tienes que aprender cómo se juega allí. Allí la historia no va de anotar 30 puntos cada noche y de que tú seas el hombre. Muchos de los que piensan así no duran mucho allí. En esos países lo que importa es ganar. Si eres un ganador, puedes jugar para siempre allí".

Llegó a tener muy buen reconocimiento en Europa. Tanto como para cobrar más de un millón de dólares (es Europa) en San Petesburgo, en 2012. "Terminé, tío. Había terminado ya de pelear, de tratar de probarme a mí mismo. Hice mi camino en el extranjero. Tuve éxito. Firmé dos años en Rusia por todo el dinero posible. Me hice un nombre allí. Estaba a gusto. Me cansé de todas las historias de que era un tweener (demasiado pequeño para jugador interior y pesado/lento para ser exterior), de que no tenía posición. Sabía que podía jugar. ¿Volver? Prefería ser 'el hombre' en Europa y ganarme ese respeto que ser el último jugador del banquillo en la NBA y nunca tener la oportunidad. Esa fue la decisión que tomé".

Y entonces sonó el teléfono. Cuando él ya daba toda opción por perdida.

En 2007 hubiera matado por oír aquel sonido, pero en ese momento, ya año 2012, no quería hacerle caso. Era una llamada para disputar para la Summer League. Eran los Phoenix Suns.

"Quiero que identifiques al mejor jugador del otro equipo y lo seques", fue todo lo que Dan Majerle (técnico de Phoenix en liga de verano por aquel entonces) le dijo. Despertó así el gran oficio e ímpetu defensivo que Tucker gasta hoy día y ya había descubierto jugando en Europa.

"Sabía que esa defensa sería lo mío, entonces es cuando empecé a disfrutar de eso y a ver todo el efecto que podía tener en los partidos. Podía cambiar los partidos de esa manera".

Regreso a la NBA

Y a partir de ahí llegó el éxito. La Summer League resultó bien; bueno, bien, todo lo que se podía en ese contexto. Phoenix le ofreció una plaza no garantizada para su training camp en septiembre. A lo sumo 762.195 dólares anuales... Siendo que en Rusia cobraba más de un millón cada temporada.

¿Iba a perder dinero? Ni hablar, él ya había luchado todo lo que tenía que luchar y ahora debía disfrutar del paisaje conquistado. Pero su mujer y su agente cambiaron su carrera.

"Mi mujer me dijo que le diera solo una oportunidad más a la NBA. Yo estaba como '¿de verdad voy a renunciar a todo este dinero?' Era mucha menos pasta. Al final aposté por ello pero yo no quería. Créanme que no. Si no hubiera sido por mi mujer y mi agente, nunca hubiera vuelto. Es de locos".

Y sí, terminó volviendo.

P.J. Tucker regresó a la NBA aquel año 2012-13 y vivió a partir de entonces el camino inverso a su versión de novato. Empezó en los últimos puestos de la rotación de los Suns pero todo mejoró pronto: "Por año nuevo, ya era titular. Pasé de 15º hombre de la rotación y contrato no garantizado a titular. Mi primera vez de inicio fue ante Kevin Durant. Yo estaba como 'estoy a punto de vivir mi primera titularidad en a NBA. Hacía nada que estaba en Alemania y nadie daba un duro por que llegase a eso'. Era una locura para mí".

Y de la titularidad pasó a su continuidad en Phoenix por más dinero. Por primera vez en su vida, se reconocía su trabajo y su valía en la NBA. Había renunciado a cantidades importantes en Rusia pero la decisión empezaba a merecer la pena.

Tanto progresó su carrera que en 2017 terminó reuniéndose con su colega Chris Paul y firmando 30 millones de dólares (cuatro temporadas) con Houston. Su sueño en la NBA se veía finalmente colmado y remunerado. Y todo por haber encontrado el nicho de juego en el que rendía mejor, en el que era diferencial. No era (ni es) el más rápido y habilidoso pero se dio cuenta de que a través de la defensa y la dureza también podía cambiar los partidos.

"Tengo el mayor respeto por Kevin Durant. Tengo orgullo por eso. Defenderle es algo que quiero hacer. Estoy deseando hacerlo siempre. Nadie quiere defenderle nunca, pero yo sí".

El joven liquidado que no daba un duro por su carrera NBA en 2007 ha terminado disputando más de 620 partidos (contando playoffs) en la mejor liga del mundo. Y todavía la quedan, a sus 34 años y dos temporadas más de contrato garantizado en Houston.

La de Tucker es la historia de quien vio esfumarse su sueño pronto pero lo recuperó cuando ni él mismo quería casi desearlo. De 2007 a 2019, doce años (cinco en el extranjero) que pasó de estar acabado a ser uno de los mejores defensores de la liga. La odisea de 'Pops Junior', el trepidante viaje de P.J Tucker.


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