Sobre reconstrucciones milagrosas

Oda a tres equipos.

Suerte, inmediatez y trabajo bien hecho

Sergio Andrés.

Ser un equipo joven en la NBA es complicado. Imagina que, por lo que sea, tu proyecto anterior se ha terminado y, de repente, te encuentras con una plantilla por hacer.

Asoman temporadas de 20 victorias, necesitas pilares sobre los que construir el nuevo proyecto, piensas días y noche en el Draft y peinas el mercado con el detector de metales por si puedes pescar algo de valor en casa ajena. Algunos lo hacen durante años; otros, no tanto.

Los Suns no han llegado a las 25 victorias en cuatro años y llevan nueve temporadas sin pisar playoffs (desde Nash). Los Kings, que la temporada pasada despertaron, llevan 13 años sin saborear una postemporada NBA. Y los Wolves, que rompieron la maldición Garnett (no entraban desde sus mejores años) en 2018, siguen en la pelea por salir del barro. Los Cavs aun permanecen en los primeros pasos de la recuperación tras la marcha de LeBron. Los Bulls se mantienen en fase de construcción (aunque bastante avanzada). Los Hawks y los Mavs acertaron en el Draft y de los Knicks supongo que no hace falta que hable (la esperanza se llama R.J. Barrett).

En fin, que reconstruir en la NBA es complicado. Suele llevar muchos años de barro (todos nos acordamos de El Proceso), muchas derrotas y otros tantos errores. Incluso cuando parece que sacas la cabeza sueles tener muchísimo trabajo por delante. Y por eso, por lo increíblemente complicado que es dejarlo atrás, quería escribir hoy sobre dos equipos que están cerrando veranos increíbles, veranos que pueden suponer una reconstrucción inmediata.

NOLA

Evidentemente, el primero en la lista son los New Orleans Pelicans. Creo que nunca en la historia se ha recuperado un equipo tan rápido de la marcha de un talento generacional. Al menos sobre el papel...

Hay muchísima suerte involucrada en su proceso. Para empezar porque la salida se produce vía traspaso y no en agencia libre, lo que te permite recibir muchas piezas a cambio (el traspaso de Davis fue tremendo: se llevaron el presente joven y el control a entre 5 y 7 años de drafts de los Lakers). Y para seguir, porque se combina con un número uno del Draft para el que tenías, creo recordar, un 6% de opciones (¡y el más que improbable cuatro de los Lakers!). Y además en el draft en el que llega a la NBA Zion Williamson...

Desde ahí, y contando con las negociaciones del propio traspaso, trabajo, trabajo y más trabajo. Opciones aceptadas y rechazadas (la continuidad del entrenador incluida), gran traspaso en la noche del Draft, buenos fichajes en el mercado de agentes libres y, al final (si es que este es el final), en el primer día del año uno sin Anthony Davis, los Pelicans contarán con: Zion Williamson, Jrue Holiday, Lonzo Ball, J.J. Redick, Brandon Ingram, Derrick Favors, Josh Hart, Jaxson Hayes, Alexander-Walker, Darius Miller, Nicolo Melli... Increíble. Milagroso.

Memphis

Y en la misma línea, aunque por debajo, podemos poner a los Grizzlies. En Tennessee han perdido en solo unos meses a los sus dos banderas (Marc Gasol y Mike Conley), pero tuvieron suerte en el Draft (¡subieron hasta el 2!) y desde entonces han operado sin parar y realmente bien en la construcción de un equipo que parece, por posiciones, talento complementario y afinidad con la cultura de la franquicia, diseñado en un laboratorio: Ja Morant, Jaren Jackson Jr., Brandon Clarke, Dillon Brooks, Grayson Allen, De'Anthony Melton, Josh Jackson, Jonas Valanciunas, Jae Crowder (si se queda)...

Han convertido a Conley y a Jevon Carter (juntando sus dos grandes traspasos) en Grayson Allen, Jae Crowder, Brandon Clarke, Josh Jackson, De'Anthony Melton, una futura primera ronda del Draft (Utah) y dos segundas (Phoenix). No es lo de los Pelicans, pero ojo... Not bad, Memphis. Y aún están peinando el mercado por si pueden sacar algo más por Andre Iguodala. Digo algo más porque ya les sacaron una primera ronda a los Warriors por liberar el salario del alero.

Lo dicho, en los dos casos, dos ingredientes fundamentales: suerte y gran trabajo en los despachos. Y un objetivo en mente, claro: la casi imposible y ansiada reconstrucción (milagrosa) inmediata.

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Brooklyn Nets o cómo armar un proyecto de la nada

Aitor Darias.

Los Brooklyn Nets se han convertido este verano en uno de los equipos a temer de la NBA. La llegada de Kevin Durant y Kyrie Irving convierte a los de Atkinson en uno de los grandes vencedores de esta agencia libre, y supone la culminación de un proceso de reconstrucción que ni el más optimista podría haber vaticinado. Es más, el hecho de alcanzar los playoffs el pasado curso fue ya toda una sorpresa, pues hay que tener en cuenta que hablamos de una franquicia que en 2013 hipotecó su futuro en un traspaso histórico en el peor de los sentidos.

Hablamos, por supuesto, de la incorporación de Paul Pierce y Kevin Garnett, que supuso la pérdida de los picks de primera ronda de 2014, 2016, 2017 (intercambio con el de los Celtics) y 2018, a lo que se sumaba el hecho de que ya habían traspasado el de 2015 un año antes. En resumen, una ausencia absoluta de capacidad para reconstruir una vez que el proyecto de Pierce y Garnett terminase, algo que ocurrió, además, de forma muy prematura. A Brooklyn se le presentaban por tanto varios años en los que parecía condenado a vagar por el pozo de la NBA sin opciones de salir de él.

Pero no ha sido así. Con prácticamente nada, Sean Marks logró crear un equipo competitivo, con proyección de futuro y con mucho espacio salarial para este verano, espacio que han aprovechado a la perfección. ¿Cómo? Vamos a analizarlo.

Buen ojo para los desechos

Sin rondas de Draft y sin capacidad para atraer a agentes libres relevantes, a Brooklyn no le quedó otra que buscar entre las sobras de otros equipos, de donde han sacado mucho más de lo que cualquiera podía esperar. El ejemplo más claro de esto es Spencer Dinwiddie, quien, tras ser regalado por los Pistons a los Bulls y cortado por estos últimos, llegó a los Nets en 2016 para convertirse en uno de los líderes del equipo y uno de los sextos hombres más fiables de la competición. Por si fuera poco, hace unos meses lograron que el base firmara una extensión de 3 temporadas por 34 millones, un auténtico chollo en los tiempos que corren que les permitió seguir gozando de un gran margen de maniobra para la agencia libre.

Dinwiddie, no obstante, no es la única joya que se han sacado de la manga. Joe Harris, actual campeón del concurso de triples, llevaba dos años vagando sin éxito por la Liga cuando, también en 2016, los neoyorquinos le dieron una oportunidad a cambio del salario mínimo, que, dado su buen hacer, aumentó a 8 millones anuales tras su renovación el pasado mes de julio. Para un jugador capaz de lanzar más de 5 triples por partido con un 47% de acierto (¡un 47,4% en triples durante temporada regular!), puede decirse que es lo contrario a excesivo.

Podemos incluir en esta categoría también a Caris LeVert, que, si bien al contrario que los dos anteriores no había sido cortado por ningún equipo, era un pick 20 del Draft en el que se veía potencial pero que despertaba muchas dudas. A cambio de Thaddeus Young, un gran jugador pero que poco o nada podía aportar al equipo a medio-largo plazo, los Nets se hicieron con el escolta, cuya progresión ha sido notable hasta el punto de que, de no haberse lesionado, habría sido claro aspirante a Jugador Más Mejorado la temporada pasada. Todo esto en los 10 primeros meses de Sean Marks como general manager. Imposible hacer más con menos recursos.

Ventanas de oportunidad aprovechadas

La jugada maestra para convertirse en una franquicia en alza llegaría en 2017, cuando diversas situaciones en Los Angeles Lakers abrieron la puerta a una opción casi inmejorable. Los angelinos estaban ansiosos por liberar espacio salarial para poder hacerse con una superestrella en la siguiente agencia libre, por lo que estaban dispuestos a dar alguna pieza de valor si con ello podían sacarse alguno de los contratos más pesados de la plantilla. A esto se sumó la delicada situación de D’Angelo Russell, que había decepcionado hasta el momento e iba a ser remplazado como base titular por Lonzo Ball, que sería elegido en el puesto 2 del Draft de ese año. Era el contexto perfecto para que alguien arriesgara, y Brooklyn no lo dudó.

Los Nets enviaron a Brook López, expiring, a Los Ángeles, y aprovechando que tenían espacio salarial de sobra aceptaron comerse el contrato de Timofey Mozgov (a quien por cierto ya se han quitado de encima) a cambio de incorporar a Russell con la esperanza de que viviera una explosión tardía. Dicho y hecho. Una temporada después, D’Angelo se reveló como estrella de la NBA, debutó en el All-Star Game, e hizo de Brooklyn uno de los equipos de moda de la competición y un destino que cada vez sonaba más atractivo. Para quitarse el sombrero.

Sin embargo, esta no es la única gran operación de la que pueden presumir, aunque sin duda sí la más exitosa. Es más, el siguiente traspaso no aportó prácticamente nada a nivel deportivo, pero sirve para ejemplificar la capacidad de los neoyorquinos para encontrar oportunidades en el mercado.

Hablamos de la llegada de Jahlil Okafor, un jugador con un talento más que notable en ataque pero sin sitio en los 76ers tras el debut de Embiid. Su paso por Brooklyn fue breve (26 partidos) y poco fructífero, pero hacerse con un jugador de su potencial a cambio de Trevor Booker denota una gran capacidad de saber pescar en río revuelto. Así como la apuesta de D’Angelo salió de maravilla, la de Okafor no dio el resultado esperado, pero es cuando menos digno de elogio el hecho de que, en ausencia de rondas de Draft, los Nets llegasen a juntar a los picks 2 y 3 de 2015.

Y por último, el Draft. Pese a haberse quedado sin rondas en su momento, los Nets han ido haciéndose con algunas a través de traspasos, nunca tan altas como su puesto en la tabla merecía pero sí suficientes como para ir sacando algo de provecho. Sin ir más lejos, en 2017 obtuvieron un pick 22 vía Washington que les permitió hacerse con Jarrett Allen, quien ha resultado ser un pívot interesante capaz de rendir en ambos lados de la pista. Más. El año pasado pudieron seleccionar a Rodions Kurucs en el puesto número 44, un alero joven y versátil a quien podemos considerar uno de los robos de dicho Draft. Todo esto sumado a un par de veteranos de perfil bajo como Ed Davis y Jared Dudley dio como resultado un equipo competitivo, ilusionante, y que llegó con casi 70 millones de dólares a mercado (elevados en unos 8 millones más a través de una increíble ingeniería de movimientos que se harán oficiales mañana y han permitido fichar a DeAndre Jordan), en el que se han movido como pez en el agua.

El sueño neoyorquino

"Irving y Durant se juntará en Nueva York en 2019", vaticinaban muchos hace meses. Y técnicamente puede decirse que ha sido un acierto a medias. El que fuera el mayor sueño de los Knicks se ha convertido en la realidad de los Nets, que han juntado a un dúo que les da licencia para soñar con el anillo a modo de remate para un proceso idílico. Es cierto que, debido a la lesión de KD, tendrán que esperar a 2020 para que el proyecto alcance todo su potencial, pero quién no firmaría esperar un año para ver en su equipo semejante cantidad de talento. Que pregunten en el Madison.

El logro de Brooklyn no es solo deportivo. No solo han conformado un superequipo, sino que, en poco tiempo y sin recursos, han revertido la situación en Nueva York haciendo que los grandes jugadores elijan al vecino pequeño sobre el magnate históricamente poderoso. Es un triunfo de las buenas decisiones sobre los grandes nombres, de los proyectos con base sobre los cuentos de la lechera. De la gran gerencia sobre la Gran Manzana.


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¡Disfruta del fin de semana! (Mientras seguimos esperando a Leonard).

Elio.